La montaña ofrece tal abanico de escenarios, climatologías, colores y sonidos que cada persona puede disfrutarla de la manera que más le apasione. Y cada vez son más los aventureros que se lanzan a completar rutas senderistas durante los meses de invierno. Esa sensación de contacto con la nieve y los paisajes coloreados de blanco en las cumbres pueden hacernos experimentar sensaciones que en otra época del año sería imposible.

Hoy te ofrecemos tres rutas senderistas de diferentes dificultades y distancias que puedes proponerte en los meses de invierno. ¿Con cuál te quedas?

1. Monte Gorbeia. Ascender hasta la cumbre más alta del famoso macizo vasco es un reto realmente asequible para todo tipo de senderistas. Eso sí, sin confianzas, pues sus campas durante el invierno pueden engañarnos a simple vista. Avisamos: las piernas te van a doler. El objetivo es alcanzar los 1.482 metros de altitud a los que se ubica su famosa cruz metálica. El punto de partida de la ruta, a gusto del consumidor. Dos rutas de similar distancia son las que se inician desde el parking de Pagomakurre y desde el lavadero de Zárate respectivamente (unas dos horas hasta la cima en cada caso), y otra más larga de 11 kilómetros es la que une el Centro de Interpretación del Parque Natural con la cumbre a través de la senda Baias.

2. Montseny. Uno de los rincones más emblemáticos de la orografía catalana no podía faltar en esta selección de rutas invernales. A lo largo del Parque Natural podemos disfrutar de multitud de circuitos de diferentes distancias, pero nos quedamos con la más atractiva para los meses de invierno: Santa Fe - Turó de l’Home – Les Agudes, con unos 14 kilómetros sobre terreno variado y unas vistas que alimentan los sentidos. Además, podrás disfrutar del majestuoso pantano de Santa Fe. El tiempo de duración de la ruta es de aproximadamente 4 horas o 4 horas y media, y se alcanza una altitud de 1.708 metros (cima de Les Agudes). 

3. La Maliciosa. El pico de La Maliciosa es uno de los más emblemáticos de la Sierra de Guadarrama y auténtico desafío durante los meses de invierno. Con 2.227 metros de altitud, alcanzar su cima es un reto que requiere de ciertos conocimientos de montañismo y una condición física notable. Porque la ruta comienza en el parking de La Barranca, desde donde iniciaremos nuestro camino de 9 kilómetros salvando una pendiente de casi 1.000 metros de subida. Unas cifras que debemos respetar pero que sin duda merecen la pena una vez estamos en la cumbre de La Maliciosa, desde donde podemos divisar los valles que la rodean y el embalse de Navacerrada.